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martes, 4 de mayo de 2010

Bitácora


Segundos.

Arde, sin pensar fuerzas se filtra por las venas.
Recuerdo obviarla, ignorar lo latente. Durante minutos respiré profundo, y durante horas esperé.

Días.

El ardor enfureció, a duras penas respiraba. La herida sangraba, la sentía correr. Pensé en dejarla morir y cicatrizar tras su muerte.

Semanas,

y admití que la herida crecía. Reconocí el dolor y odié el ardor. Me pregunté cuánto tiempo tendría que seguir aguantando. La cubrí con las manos, probé limpiarla, sanarla, la dejé.

Meses.

El dolor renació. La herida respiraba, pensaba, desafiaba. La vendé, por fin la vendé. Me aseguré de cubrirla, de presionarla para detener cualquier derramamiento y esperar la cicatriz.

Años.

Cambio las vendas con frecuencia, siempre empapadas.
Me pregunto si la sangre se acaba.

¿Dolor? A veces, siempre, nunca. No sé.
Cambio las vendas.
--
Arte: PhatPuppy

jueves, 25 de febrero de 2010

Fires


How fast can two bodies burn into each other?

Is it a matter of time?

…a matter of combustion?

If not, can they still burn separately?

…or, will heat soon consume them into two piles of ashes?

lunes, 8 de febrero de 2010

Catharsis


So many times that my head fogs completely,
For so many hours that my strength dares to untie fantasies,
Long enough to drain my lungs and drown my eyes,
Until my heart swells in thrill or pain.

So many times that it loses all meaning,
And for so many hours that I find it again.


And you…for how long can you listen to a same song?

martes, 26 de enero de 2010

Caprichos de Idiosincrasia

¿Para qué escribir en inglés?

¿Para qué dejar garabatos en un papel con tinta ilegible, con jeroglifos de países que al final del día no nos pertenecen?

Son palabras que sirven de utensilios de cocina, que crean, saborean y producen; sin ser éstas las primeras que oí en mi niñez, ni las primeras que me atreví a decir en voz alta. No fue Shakespeare quién me llevó de la mano, fue Otero Silva, García Márquez. No fueron contracciones de palabras las que se dejaron manipular por mí, fueron acentos.

Entonces, ¿Para qué alejarse tanto de dónde empezó todo? De Aureliano Buendía, de las casas muertas, de la Rayuela, olvidarse por un momento del humor de Fernando Savater o de la deliciosa locura de Ernesto Sábato?

Algunos dicen que pedir prestado el bolígrafo de otras lenguas, en especial el de una que juega a conquistar el mundo, es como traicionar la identidad cultural, porque que quede claro: para los estándares sociales que nos acorralan, perdón, que nos rodean, el idioma hablado y escrito es el principio de la idiosincrasia. Inutilizarlo momentáneamente sería como traicionar la religión, los valores, la moral, todo lo que nos formó, o que al menos trató de formarnos.

Entonces, como quién osa a romper las reglas, ¡que dios nos libre de explorar otras lenguas! o peor aún, de aprender a disfrutarlas tanto que se apoderen por épocas de nuestras resmas de papel…

Pero en todo este asunto de la identidad y las raíces, algunos olvidan mencionar los pequeños baches que éstas nunca han logrado llenar. Olvidan que los que escriben lo hacen porque sí, con o sin coherencia, en castellano perfecto y pulido, o tan imperfecto que atenta contra la estabilidad intelectual de algunos.

En mi caso entiéndase por el idioma del escrito como un medio casi involuntario, resultado exquisito de una exposición placentera o dolorosa ante el mundo que rodea a aquel que escribe. Porque no se trata sólo de hacerse entender dentro de una geografía, es un impulso, por no entrar en detalles arduos, de ideas, emociones y explosiones, que se cuelan a través de un pequeño agujero de la mente humana. A veces toman forma en un idioma familiar y seguro, a veces en uno extraño y retador, otras ni siquiera llegan a vivir a través de letras, por simple incomprensión del mismo escritor.

Pero, por inevitable que resulte, lo cierto es que de impulsos y caprichos nunca ha entendido mucho la idiosincrasia.

Creation


Close your eyes.

And as soon as the blackout takes over, let the burning pavement disappear from below your feet. Block the artificial lights, the dust, the screams, the beggining of chaos.

And when you open them, do it carefully so the hot rays of sunlight don’t hurt your eyes. Listen to the breeze whispering lullabies, the drops falling from nowhere.

Rocks rise full of revelry, high enough to walk through clouds; the sky swims down to touch at least a small part of the humid ground, showing off proudly a hypnotizing work of colors, from peach to blue, to wine, to indigo. Water is born, working a path towards the beginning of things; foam sparks and rain releases itself over you.

Finally, earth can be made again.
--
Picture: Kari-Kari